Cuando estamos enojados con nuestros
hijos, la mayoría de nosotros sale con comentarios que nunca diríamos si
estuviésemos en calma. Más tarde, estamos arrepentidos. Pedimos disculpas. Pero
los niños reaccionan a nuestra gritos poniendo otro ladrillo para formar una
pared entre nosotros, y el desmantelamiento de ese muro no es tan fácil.
O, justificamos haber gritado:
"Simplemente no hay otra manera de hacer que ese niño entienda." (Eso
sólo refuerza la pared.)
¿No sería increíble simplemente dejar de
gritar, incluso cuando estás molesto? Es completamente posible. No importa lo
mucho que grite, no importa cómo actúa su hijo.
¿Será un trabajo duro? Es lo más difícil
que hay, pero los resultados no tendrán precio. Tú y tu hijo estarán mucho más
cercanos, lo que significa que querrá comportarse mejor. Y viéndote como
manejas tus emociones le estarás enseñando a mejorar sus propias emociones.
La clave está en darte apoyo a ti mismo,
y así es menos probable que falles. Aquí te dejamos diez planes para lograrlo:
1 . Haz una tabla de reconocimientos de "voz
respetuosa" y colócala en la puerta de la nevera. Tu hijo decidirá si te
pega una calcomanía todos los días. Obviamente, si gritas, no estás teniendo
una voz respetuosa. Observa que podrás seguir guiando a tu hijo, con respeto.
¿Estás en contra de las carteleras con
calcomanías? Yo también, si fuera para los niños, ya que a menudo enseñan las
lecciones equivocadas. Pero en este caso es para los padres y no me preocupa
que vayan a tener una lección equivocada. Estás embarcada en una misión
difícil. Necesitas un socio que tenga responsabilidad, y en este caso, ¿quién
mejor que tu hijo?
2. Asegúrate de que no estás agotando
todos los recursos. No puedes fingir estar actuando mejor a lo que sientes. Si estás
harto de muchas cosas, ¿cómo puedes regular tus emociones? Debes encontrar las maneras
sostenibles para mantenerte en calma, así puedes darle a tu hijo lo mejor de ti
mismo. Esto te mantendrá listo para estar a la altura de las circunstancias
cuando tu hijo te saque de tus casillas.
3. Establece límites con tu hijo antes de
que las cosas se salgan de control, mientras que todavía puedas ser empático y
mantener tu sentido del humor. Observa que en el momento en que te estás saliendo
tú de control, no gritar sólo es posible si te muerdes bien la lengua como si
te fueras a hacer un piercing. Recuerda que eres humano, a veces es inevitable
gritar cuando llegas al borde. ¡Tu responsabilidad es mantenerte alejado de la
orilla!
4. Recuerda que los niños van a actuar
como niños. Ese es su trabajo. ¿Cómo van a saber dónde están los límites a
menos que ellos los pongan a prueba? ¿Cómo van a saber que necesitan de tu
ayuda para entender esos sentimientos? Tu trabajo consiste en fijar los límites
con la empatía y amabilidad, y permanecer conectado mientras expresan sus
trastornos, por lo que quieren seguir tu ejemplo e internalizar sus límites.
5. Deja de gritar y empieza a conectarte
con tu hijo. Si estás gritando es porque quieres cambiar el comportamiento de tu
hijo, ¿verdad? Esa no es realmente la mejor manera de cambiar su comportamiento
a largo plazo. En su lugar, trata de hacer empatía. Todavía puedes establecer
límites en cuanto sea necesario, pero debes tomarte el tiempo para ver las cosas
desde el punto de vista de tu hijo. Es necesario hacer empatía con los hijos y
ayudarlos a cumplir con sus metas y satisfacer sus necesidades.
6. Enséñalos a regular sus emociones. Los
niños aprenden la regulación emocional si permanecemos tranquilos y empáticos frente
a sus cambios emocionales. Cuando decimos "¡Qué loco! ¿Por qué le pegaste
a ese niño?” nuestro niño, entenderá que está bien enojarse a veces, y como
padre debes mostrarte comprensivo y así entenderá mejor que no debe golpear y
debe controlar sus impulsos por más molesto que esté. Si, en cambio, le decimos
que él es un chico malo, y tratas de contener su ira, sólo funcionará
temporalmente, por lo que su rabia estallará incontroladamente en otro momento.
7. Usa el juego. Los niños responden al
"tono" de nuestra voz. Cuando levantamos la voz, se sienten
asustados, y pasan a la "lucha o huida" que significa que comienzan
la crianza de sus propias voces. Si en cambio, puede responder a infracciones
menores con un sentido del humor y del juego, los niños tienden a relajarse y
cooperar. Así que en vez de "¡vete a bañar ya mismo!" Trata con un “soy
el robot de la bañera ... He venido a llevarte al bañar", con una voz
mecánica y una marcha torpe como robot, y tendrá a su hijo llorando de risa y
corriendo delante de ustedes hacia el baño.
8. Investiga que te influencia. Cuando
gritamos, es porque estamos fuera de nuestras casillas. La mejor manera de
evitar explotar es hablar de su propia infancia con alguien de confianza. ¿Cómo
sus padres manejaban la situación cuando estabas molesto? ¿Te gritaban? ¿Cómo
te hacía sentir? Explora esos sentimientos y piensa en que sentías a través de
ellos y haz que se vayan. Estás desactivando esos factores que te influenciaban.
9. Cuando estés gritando, o en medio de
perder los estribos, detente, incluso si estás en el medio de una frase. Tan
pronto como te des cuenta de que estás elevando la voz, cierra la boca, aléjate
y respira. No estás perdiendo tu autoridad. Estás modelando un manejo de la ira
responsablemente.
10. Enseña sólo amor. Si estás enojado,
no trates de enseñar a su hijo "una lección". Tú no vas a ser la
enseñanza de la lección a la que estás apuntando. En su lugar, simplemente para
y respira. Repite este mantra, "los niños necesitan más amor cuando se lo
merecen menos." Espera hasta que estés tranquilo y luego podrás intervenir
de manera mucho más eficaz.
Si todavía estás gritando, ¿por qué no
aplicas el método de la pizarra? Inténtelo por una semana. Estoy apostando a
que verás un maravilloso cambio en tu familia, que te permitirá seguir adelante
mucho después de que termine tu experimento. En un año, no recordarás la última
vez que gritaste. ¿Milagroso? Sí. Pero esto es algo que puede hacerse muy fácil,
y no es menos que un milagro.
Escrito por la Dra. Laura Markham,
fundadora de AhaParenting.com y autora de los libros Peaceful Parents, Happy
Kids: How to stop yelling and star connecting y Peaceful, Happy Siblings: How
to stop fighting and raise friends for life.
Original: How can I stop yelling at mykids?
Traducido por: Campamento Mi Guarimba.


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