La
mente fija en un pensamiento surreal, creando historias de cómo ser el
mejor. Aquella muralla represa todos los
ánimos, toda la fuerza y la intención de volver esas historias realidad, no
deja fluir el camino. No permite darle
rienda suelta a tus herramientas, emociones, capacidades. Demostrar que eres bueno para algo o por lo
menos intentar, a como de lugar cumplir con las metas individuales, personales
y grupales.
Mirar
hacía el suelo y sumergirse en tus pensamientos. Personas con las cuales pasas
parte de tu día, convives, duermes, compartes, te ríes y muchas veces lloras,
esas personas si tienen un color diferente de franela se convierte en tus
enemigos utópicos, porque ellos sólo quieren hacer daño con túneles,
sombreritos, pases largos y el más doloroso de todos, goles.
Por
fin esa muralla que te retiene suelta ese sonido ensordecedor , que libera todo
de golpe, un chorro de energía poderosa, un murmullo latente que suena en tu
cabeza, ese murmullo dice gol.
También
es la represa que contiene lo que está al margen de las normas, para aquella
sublevación, aquel pensamiento
inadecuado, esa acción que arremete. Ese sonido promueve el sentimiento de
protesta del réferi, ese estruendo es el que dictamina un saque de banda, una
devolución, un gol, quizá el final de un sueño o el pase a la siguiente ronda.
El final.

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